
Los casos investigados
parecen suicidios o mero accidentes, pero finalmente se descubre que son viles
asesinatos cometidos por personas sin escrúpulo. La novela está bien escrita,
aunque tiene el inconveniente de que sabes muy pronto quiénes son los culpables
de los asesinatos.
A mí me gusta que
la novela te mantenga en vilo hasta las últimas páginas para saber el
nombre del asesino, algo que no ocurre en este libro. Los testigos de los
crímenes informan demasiado pronto al escritor Georges Miet quiénes pueden
ser los responsables.
Además, según se deduce
de su lectura, al final no se sabe a ciencia exacta si hubo juicio o
no, por lo que no se contemplaron penas de cárcel para los
principales culpables.
La novela ha sido
editada por Ediciones Destino y en mi apreciación personal le concedo como nota
un aprobado alto.
Sinopsis: Georges Miet
escribe por encargo historias populares para la editorial francesa La Fortune,
hasta que un día su editor le pide una novela “seria” acerca de los trágicos
hechos que habían conmocionado quince años antes la vibrante Biarritz de 1925,
durante la temporada estival. Tras una terrible galerna el cadáver de una joven
de la localidad aparece sujeto a una argolla en el muelle. Georges Miet se
traslada allí y entrevista a una treintena de personas de distintos estratos
sociales que de manera más o menos directa estuvieron relacionadas con la
joven. A través de los relatos de todos ellos Miet descubre que la policía y el
juez quisieron quitarse el caso de encima y que los hechos fueron desvelados
gracias a la investigación que llevaron entonces a cabo el periodista Paul
Villequeau y el fotógrafo Galet, a la que se unió la magnética y bellísima
Beatrix Ross, amor de adolescencia de Villequeau.