Esta novela nos muestra los últimos estertores de la Inquisición, una institución que vivía por entonces sus últimos años de vida y que constituía el núcleo de la leyenda negra española. La Inquisición desapareció definitivamente de España el 15 de julio de 1834 con el gobierno de la reina gobernadora María Cristina de Borbón.
El pintor Francisco de Goya también sufrió persecución por parte de la Inquisición por pintar su famoso cuadro La Maja Desnuda. Los desnudos estaban prohibidos por el Santo Oficio.
Luis Zueco ha escrito una excelente novela, que cuenta con una buena documentación histórica, y que explora un tenso y poco conocido episodio de la vida de este pintor español.
Este libro ha sido editado por la Editorial B y en mi apreciación personal le concedo como nota un sobresaliente. Recomiendo esta ficción histórica que nos hace vivir el Madrid de finales del siglo XVIII y principios del XIX.
Sinopsis: 1799, Madrid. Francisco de Goya y Lucientes, pintor de cámara del rey, anuncia la puesta en venta de un lujoso libro de estampas titulado los Caprichos. Aunque las ventas son un éxito, dos semanas después de publicarlo, Goya lo retira del mercado. Durante los meses siguientes su escandaloso contenido comienza a correr como la pólvora. ¿Por qué Goya esconde su obra más personal? ¿De qué tiene miedo?
Es entonces cuando la joven Angélica Díez llega junto a su padre a Madrid para empezar una nueva vida. La capital se ha convertido en un lugar de contrastes, donde convergen las ideas ilustradas que se propagan por Europa e instituciones como la Santa Inquisición, que se resiste a morir.
Para darse a conocer en la sociedad madrileña, Angélica acude a Goya y le pide un retrato. Sin embargo, la joven ignora que este los unirá en una peligrosa trama relacionada con la Inquisición, los Caprichos y un rumor que podría acabar con el maestro: se dice que Goya ha pintado a una mujer al desnudo.
Mientras la Inquisición intenta juzgar al pintor como un último golpe de efecto para mostrar su poder, Angélica descubrirá algo que Goya siempre supo… No hay arma más afilada que el arte para cambiar la Historia.














